Cuando sugerimos visitar esta exposición de fotografías lo hacemos teniendo en cuenta varias razones. En primer lugar, porque la zona donde se encuentra el museo, presenta características únicas por sus edificios y el Palacio Noel es una casona que se construyó siguiendo estilos arquitectónicos y con una majestuosidad que no son muy usuales en la ciudad de Buenos Aires. Desde allí comienza la posibilidad de pasar un momento agradable, y naturalmente, hay que agregar la interesante y conmovedora historia que rodea al fotógrafo y a los acontecimientos de su expedición, la calidad artística del material expuesto y que se trata de fotos de fines del 1800.

El Museo

Tiene su sede en un edificio que se conoce como "El palacio Noel" y que es una construcción de estilo neocolonial construido en los años 1920, por el Arquitecto Martín Noel (uno de los fundadores de la Academina Nacional de Bellas Artes). Es una amplia casona, formada por dos cuerpos, que se encuentran separados por un amplio patio y un antiguo jardín. En esta época de primavera es cuando comienzan a lucir sus árboles, arbustos y flores. Está ubicado en la calle Suipacha en el 1422, que es justamente cuando comienza una pronunciada cuesta al llegar a la intersecciónn con .la Avenida del Libertador.

En sus alrededores inmediatos se encuentra la Embajada de Francia, la del Brasil, el Hotel Hayatt (con la parte conservada y restaurada del Palacio Unzué) y el edificio sede del Jockey Club. Es una zona en la que todavía se puede detectar restos de una tradicional y opulenta Buenos Aires.

Cuando en los años de 1936 la Municipalidad de Buenos Aires adquiere el palacio, también compra la colección de arte que tenía allí la familia Noel y funda el "Museo de Arte Colonial". Posteriormente se incorporan las colecciones de don Isaac Fernández Blanco por haberlas donado a la Ciudad de Buenos Aires. A las colecciones de Noel y Fernández Blanco, se suman donaciones de otras familias de la ciudad, que es lo que constituye la denominada "muestra permanente".

La muestra permanente

Está constituida por obras de arte colonial iberoamericanas, que es considerada de gran valor. En ella se encuentra platería colonial de origen peruano y rioplatense. Hay pinturas de las escuelas altoperuana y cuzqueña, de imaginería quiteña y jesuítica, de mobiliario lusobrasileño y de artes decorativas del período republicano.

Las numerosas y exquisitas piezas de plata son la consecuencia de la explotación del cerro de Potosí y toda una artesanía que se va conformando a raíz de ello. Copones, vajillas, custodias, lámparas votivas, mates y utensilios son sus piezas, que muestran una diversidad técnica que va desde el repujado a la filigrana.

La escultura está representada principalmente por la imaginería religiosa, en particular tallas en madera, con dorados a la hoja o incrustaciones de metales preciosos. También se encuentran obras provenientes de las Misiones de los jesuitas con intervención de los pueblos guaraníes.

El mobiliario hispanoamericano, portugueses (ingresados desde el Brasil) y también francés. Además hay peinetones del siglo XIX y cerámica española de Talavera de Reina y Puente del Arzobispo.

No todo el patrimonio artístico se encuentra en exposición, pues una gran parte permanece guardado en depósitos, como la colección de medallas (en plata, oro y otros metales), que probablemente constituya una de las más importantes del país.

La exposición Boggiani y el Chaco Paraguayo

Esta colección de fotografías, que constituye la exposición que ha abierto al público el Museo Fernández Blanco, por tratarse de imágenes, es obvio que no puede describirse, ya que constituye un espectáculo visual y que cada uno apreciará a su manera. Solamente insertamos algunas copias al sólo efecto de ilustrar, pero insistiendo que necesariamente deben ser vistas personalmente. Las salas, la disposición, su presentación y el ambiente del museo de ninguna manera puede ser suplido por nosotros.

Pero si podemos explicar algunas razones de la sugestividad de la obra. Porque son fotos que han sido tomadas en los años de 1988 en adelante, es decir, cuando la fotografía constituía una técnica que resultaba incipiente. Las máquinas de fotos eran artefactos primitivos, sus lentes, las mismas películas o los procesos de revelado, eran todos sistemas de alta precariedad. Pero si a todo esto sumamos que el operativo fotográfico se realizaba en las selvas del norte de Paraguay, por un blanco, italiano, en medio de poblaciones indígenas con las que convivía, comprendemos la dimensión de la aventura. Eran lugares sin caminos, sin que hubiesen poblaciones y que se encontraban en estado original.; por allí iba este hombre, sin ninguna compañía. No se trata sólo de fotos, hay toda una subyugante historia, que se cuenta en relatos que se adosan a la muestra o en una publicación que la acompaña.

Guido Boggiani, nacido en Novara en 1861, había estudiado pintura y viajó a la Argentina para realizar, supuestamente, comercio con cueros. Lo cierto es que por algunas razones emprendió aquellos viajes al norte de Paraguay. Allí obtuvo sus fotos, realizó estudios, reunió dibujos y publicó dos libros.

Boggiani muere en la región del Gran Chaco en 1901, las circunstancias no se conocen con certeza. Algunos dicen que ha sido consecuencia de sus fotografías a los indios por alguna creencia que se vinculaba con el robo de la voluntad o de la identidad de la persona. Este final, asigna a cada una de las fotos y las circunstancias en las que se obtuvieron, una instancia dramática, que mayor valor adjudica a la exposición.

 

Esclava pintada de la tribu Chamacoco

Míllet, con dos muchachos

 

.