La tolerancia cuando el mundo está en llamas..

La elección de asignar a determinados días una especial conmemoración tiende, justamente a recordar aquél tema y a que se produzcan comentarios, análisis, ceremonias y actividades que difundan los principios en que se basan las declaraciones.

Sin embargo, siendo que vivimos épocas de inusitada violencia, en nuestro país como en todas partes del mundo, las invocaciones a la tolerancia, suenan de una nimiedad tal que pareciera que estamos obnubilados por la candidez. Pareciera que el mundo no está para esta clase de minués de fruslerías.

Hace apenas unos días sucedió la toma de un teatro en Moscú por parte de nacionalistas chechenos que querían imponer al gobierno de Rusia el fin de las acciones bélicas en su país. Esto determinó la acción del gobierno ruso para reducir a los activistas chechenos y esto culminó con la muerte de los chechenos y de mucho más de cien espectaduros rusos. Los chechenos querían que se termine con una violencia que causa muerte y dolor entre sus connacionales. La mejor idea que se les ocurrió fue tomar el teatro, tener de rehenes al público y para ello," armarse hasta los dientes", con fusiles, pistolas y explosivos de toda clase. Los rusos, a su turno, decidieron utilizar un gas para anestesiar y dormir a todos los que se encontraban en el interior del teatro. Algo salió mal y murieron chechenos y espectadores, las cifras decían que hubieron 115 muertos (más los que luego murieron hospitalizados).

La paradoja de este caso es la propensión de elegir el camino de la violencia, con armas, bombas y explosivos, para tratar de terminar con otra violencia..

Por su parte, en Medio Oriente, casi todos los días se inmolan jóvenes palestinos que concurren con explosivos en su vestimentas y las explotan en confiterías, ómnibus y lugares públios en general. Muere el palestino y muchos otros con él. Hace pocos días murieron dos jóvenes argentinos víctimas de una detonación. Israel, en represalia, envía tanques o aviones a bombardear lugares donde supuestamente se encunetran miembros de los grupos activistas palestinos, pero los ataques no son exactos y precisos, de modo que mueren civiles, niños y cualquiera que esté por allí.

La paradoja es que estos sucesos se producen en las tierras en donde nació Jesucristo, el hijo de Dios. Según el relato bíblico, Dios decidió enviar a la Tierra, a predicar su palabra de paz y amor, nada menos que a su propio hijo. Dos mil años han transcurrido desde aquellos días en que Jesús recorría aquellos caminos e incluso ofrendaba su vida, como mensaje, testimonio y ofrenda de paz. Sin embargo, árabes y judíos, palestinos e israelíes, se siguen matando con un encomiable entusiasmo.

Los ejemplos surgen en otros lados, la ex-Yugoeslavia, Rwanda, Irlanda, las Torres Gemelas, el País Vasco, Colombia, y la lista continúa...

En Argentina hemos visto matanzas desde tiempos inmemoriales, pero en los últimos 50 años ocurrió el ataque aéreo a la gente reunida en Plaza de Mayo, los combates entre azules y colorados, las matanzas de Ezeiza, las muertes a militares (incluso a sus familiares, como la hija del Capitán Viola) y los 30.000 desaparecidos. Enumeración que quiere diseñar un escenario y no ser exhaustiva. Hay una pasión por la muerte. Baste ver cuál es el número de muertos en accidentes de tránsito y constatar que tenemos una de las proporciones más altas del mundo. Aquí no es política, no es marginamiento, es una fruicción por la muerte, que nos lleva a despreciar la vida de los otros, como también la propia.

Ahora hemos marginado a cientos de miles de personas y las hemos colocado en niveles extremos de pobreza, en condiciones de vida miserables: hambre, suciedad, basura, enfermedad, son sus compañeros de ruta. E inmediatamente después nos sorprendemos de esta violencia absurda que ocurre todos los días y nos quejamos de la inseguridad en la que vivimos. Como si no pudiésemos comprender la violencia a que son sometidos los marginados todos los días de su existencia. Pedimos endurecer las penas, algunos celebran la muerte de un ladrón, más cárceles, más determinación en la aplicación de castigos. A la violencia más violencia. No hay piedad y tampoco justicia.

Además de todo lo dicho, todo indica que estamos en las vísperas de una era belicista.

Curiosamente, la Argentina envía mensajes de tolerancia al mundo

Al músico argentino, de origén israelí, Daniel Baremboin, le acaba de entregar el Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, el premio "Torelancia" , por su actividad en favor de la paz entre Israel y Palestina. Baremboin ha sufrido ataques personales, amenazas y otras agresiones en la propia Israel. Entre las innumerables actitudes y gestos realizados pueden citarse el haber puesto en el repertorio de un concierto en Israel, música de Wagner, o el haber formado una orquesta judeo-árabe en la ciudad de Weimar, Alemania.

Si sólo se tratase de un hecho aislado, estaríamos en lo anecdótico. Pero sucede que el día 26 de agosto de este año 2002, en la ciudad de Buenos Aires se realizó un acto por la paz en la intersección de las calles Palestina y Estado de Israel. Allí se reunieron unos doscientos judíos y árabes locales entremezclardos y presidía la ceremonia el Embajador de Palestina en la Argentina, Suhair Hani Daher Akel, y el dirigente Herman Schiller, que conduce el Movimiento Judío por los Derechos Humanos.

Esto también tiene su antecedente, ya que en los años noventa, la Embajada Palestina en Buenos Aires le pidió al entonces Concejo Deliberante porteño que su país tuviera un lugar en esta ciudad y pidieron que cruzara la calle Estado de Israe, por razones simbólicas. Parecería que esto constituiría un hecho único en el mundo. Schiller expresó que h ace falta desactivar este malhadado conflicto que sólo beneficia a los mercaderes de la guerra. A mí, me inspira el acto conjunto que trabajadores israelíes y palestinos hicieron el 1° de mayo para celebrar su día." Schiller y Akel prometen nuevos actos para seguir la línea abierta hace dos años, cuando, según dicen, hicieron que ambas banderas flamearan juntas por primera vez en el mundo, en un acto realizado también aquí, en Buenos Aires.

Si analizamos otras manifestaciones que se producen en nuestra sociedad, como la "Marcha por la Vida" que hicieron numerosos grupos de niños que vinieron desde muy lejanos pueblos del país, vemos actitudes sin violencia y a pesar que se trata de reclamos por carencias elementales. El diario La Nación del 9 de noviembre de 2002, inserta una fotografía del acto y al pie pone esta leyenda: Un acto "color esperanza" En un clima festivo, los 300 niños que participaron de la "Marcha por la Vida", llegaron ayer a la Plaza de Mayo, luego de recorrer ocho provincias... Los chicos pidieron trabajo, salud y educación"

Las marchas que están realizando los movimientos piqueteros o barriales, por ejemplo, que no están conformados por niños sino por gente adulta, sin trabajo, con pobreza y carencias de toda clase, son organizadas. La semana pasada se movilizaron por la zona del Congreso, luego pasaron por la Casa de Gobierno y por otras oficinas gubernamentales. Se veía las distinciones que colocaban en sus ropas los encargados de la custodia y orden de la marcha. Cuidaban que todo transcurriese ordenadamente, sin violencia.

Graves demandas, gente acosada por los padecimientos y sin que exista una posibilidad de solución más o menos concreta e inmediata. Gente que está tan al margen de las posibilidades de una vida discretamente digna que parece que nada tiene que perder. Sin embargo, reclaman con prudencia, evitando causar daños, excesos o violencia. Se encuadran dentro de las normas legales, dentro de lo permitido. Esto, evidentemente es inteligencia y educación. No son turbas a las que nada les importa. Esos límites que se autoimponen son consecuencia de basamentos culturales.

Hay toda una serie de acontecimientos en nuestra sociedad, como son los modelos de la red del canje, los grupos de solidaridad (los que dan de comer o enseñan a escribir a chicos cartoneros), que han surgido solos, producto del mismo estado de desprotección en que se encuentra toda la sociedad. Comienzan a generarse sistemas de autoorganización. Es la sociedad que se defiende, que lucha para preservarse. Son procesos que incluyen lo diverso y también es el fundamento de la democracia y los derechos humanos. La intolerancia en las sociedades multiétnicas, multirreligiosas o multiculturales conduce a la violación de los derechos humanos, la violencia y la guerra.

La Declaración de Principios sobre la Tolerancia.